El embalaje es algo más que un medio para envasar el producto. Este puede determinar la razón para comprarlo. No hablamos solamente de un envase como elemento funcional, sino del Packaging como una plataforma de comunicación, de valores de la marca.

El cliente cada vez pone más atención en el envase y en otros aspectos como la información y los materiales que permitan la reutilización y el reciclaje. Este compromiso, se hace patente en las homologaciones y certificados PEFC y SFC, respetuosos con el entorno y con ideologías ecologista reales. Son estos argumentos los que añaden nuevos valores al producto, hasta hace poco menospreciado. Donde no solo el diseño, la creatividad, la innovación, ergonomía, seguridad sirven para captar la atención  del cliente. El concepto de sostenibilidad hay que tomarlo como un hecho conceptual.

El Packaging es un instrumento imprescindible para afirmar las señas de identidad de la marca. El impacto visual del envase determina la elección sobre la competencia y lo hace llamativo para el resto de los sentidos. Podemos oler, degustar y acariciar el producto de forma intuitiva a través del envase. Cuantas cosas puede decir un empaque sin abrir el envase.

Potenciar, invertir en el Packaging influye de forma decisiva en la elección, como demuestran numerosos estudios de marketing.

La primera impresión que recibe el comprador, da fe que, una buena imagen vale más que mil palabras o la de que todo entra por los ojos.

Hoy sabemos que algunos productos son más conocidos por su envase que por el producto en si mismo.

La tecnología, una vez más está al servicio del productor y del consumidor. La personalización y el dato variable permiten ajustar aún mas la distancia entre producto y cliente. La impresión digital reduce los márgenes de tiempo y los innecesarios inmovilizados y permite costumizar el final.